El Mictlán: ¿Apanohualóyan la liberación del alma?


Tras sobrevivir a las primeras seis pruebas, el fallecido aún tendrá que enfrentarse al menos a otras dos. Teyollocualóyan, el lugar donde se devora el corazón de la gente, Apanohualóyan el lugar donde hay que cruzar el agua” y, según los diversos códices chiconahualóyan, el lugar donde hay nueve ríos. Estas pruebas serán las más duras para el difunto, lo empujarán a renunciar realmente a todo, pero son las que finalmente lo llevarán a la liberación de su alma.

Teyollocualóyan: El lugar donde se devora el corazón de las personas


Luego de salir de Temiminalóyan, el lugar donde la gente es acribillada a flechazos, nuestro difunto está a punto de ingresar a un lugar aún más oscuro, Teyollocualóyan. En el códice, este lugar está representado por un corazón que un animal salvaje está a punto de devorar. Como mucho para decirles enseguida, según los escritos encontrados, en este lugar el difunto no tiene posibilidades de salir ileso. De hecho, esta región es el dominio de bestias feroces que abren los cofres de los difuntos para devorar sus corazones. Puede pelear y luchar, nuestra muerte acaba fatalmente en este calvario ante una fiera feroz y le es arrebatado el corazón. Al igual que el segundo nivel, Tepeme Monamictlán, el lugar donde chocan las dos montañas, también es dominio de Tepeyóllotl, dios de las montañas y del eco.

Apanohualóyan: El lugar donde hay que cruzar el agua


En el códice, Apanohualóyan está representado por un hombre recostado con los ojos cerrados del que escapa su fuerza vital en amarillo, su tonalli. Todo está rodeado por un rectángulo gris. Por eso es despiadado que el difunto deba cruzar la desembocadura del río Apanohuacalhuia, un cuerpo de aguas negras. El difunto lucha allí antes de llegar a la otra orilla, pero sus problemas aún no han terminado porque todavía tiene que cruzar un valle brumoso que lo ciega y atraviesa nueve ríos profundos. Cansado y completamente exangüe, la travesía de este valle empuja al difunto a conectarse con los hechos pasados de su vida hasta alcanzar un estado de conciencia de unidad con el mundo y deja de sufrir liberando su tonalli, su energía vital. Si se pierde en la niebla o se ahoga en los ríos, el difunto no puede acceder al descanso eterno. De lo contrario, es necesariamente sin bienes materiales, el cuerpo demacrado por las pruebas, sin corazón y sin energía vital que finalmente libera su alma. En algunos escritos, sus sufrimientos terminan ahí pero no en todos. A veces hay un noveno y último nivel llamado Chiconahualóyan…