Según los aztecas, el primer dios que apareció de la nada fue Ometteotl. Este dios engendrado por sí mismo apareció en aspectos masculinos y femeninos. Era el dios de la dualidad, masculino y femenino, pero también del orden y el caos, la luz y la oscuridad, la materia y el espíritu. Esta dualidad engendró dos dioses, el masculino Tonacatecuhtli que significa «señor de nuestra carne» y el femenino Tonacacihuatl, «señora de nuestra carne». La misión que se le encomendó a estos dos dioses fue la de llenar el universo, entonces ocupado por la nada. Para ello, esta pareja dio a luz a otros cuatro dioses.

La creación del mundo

Después de 600 años de inacción, todos estos personajes se preguntaban cómo crear una obra que les diera la dignidad de dioses. Hultzilopochtli, el dios azul, encendió entonces una gran fogata, alrededor de la cual todos los dioses se sentaron a discutir. Después de haber discutido, decidieron crear tres lugares, el cielo, la tierra y el mitclan que corresponde a lo que se llamaría el infierno. El cielo según ellos, estaba compuesto por trece niveles que se elevaban desde la superficie de la tierra. En el decimotercer nivel permanecía Ometteotl y ningún otro humano, ni otro dios, podía alcanzarlo. También crearon, debajo del cielo, la tierra y, sobre ella, el centro del universo. Corresponde al lugar donde se erigió Tenochtitlán. En ese momento, la tierra estaba cubierta de agua y solo vivía una criatura horrible llamada Cipaclti. Parecía según los aztecas, al mismo tiempo, un cocodrilo, un pez y una rana. También crearon el mitclan. Este mundo estaba en trece niveles que le encomendaron a Mictlantecuhtli, representado como un esqueleto fornido con un sombrero puntiagudo y ojos saltones. Pero en ese momento, si la tierra, el cielo y el mitclan en verdad habían sido creados, todavía no había humanos ni sol ni luna…

LOS CUATRO DIOSES

Cada uno de los dioses nacidos de la unión de Tonacatecuhtli y Tonacacihuatl tenía un color y estaba asociado a un punto cardinal diferente. Uno de ellos, el más famoso, es Quetzacóatl, también llamado Serpiente Emplumada. Este nació blanco con cabello rubio y ojos azules. Era el dios de los sacerdotes, el inventor del calendario y el protector de los artesanos. Tenía cuatro atributos que representaban los cuatro elementos: una mazorca de maíz para la tierra, un pez para el agua, una lagartija para el fuego y un buitre para el aire. Estaba asociado con el oeste. El segundo, Tezcatlipoca, nació negro. Nombrado Señor del Cielo Nocturno o Espejo Humeante, poseía las garras y colmillos de un Jaguar. Fue el principal adversario de Quetzacóatl. Su principal atributo era la Hoja de Obsidiana. Representaba el frío, la oscuridad y el viento helado. Su punto cardinal era el norte. Xipe Totec nació rojo y sin piel para cubrir su cuerpo. Llamado el despojado, era el dios de la renovación de la naturaleza y de la benéfica lluvia nocturna. Estaba asociado con el este. Finalmente, Huitzilopochitli, el azul, llamado colibrí izquierdo o guerrero resucitado, nació con la mitad de su cuerpo demacrado. Representaba al sol triunfante en su cenit. Era el dios tribal de los aztecas quien los guiaba en sus migraciones. Está asociado con el sur. A estos cuatro dioses principales se añadieron dos dioses que sonaban al agua, el dios de la lluvia llamado Tlaloc y la diosa del agua llamada Chalchiuhtlicue, así como el dios del inframundo, Mictlantecuhtli.