Originalmente llamada mazdeísmo, esta creencia incluía como otras religiones de la época varios dioses, era politeísta. Sin embargo, entre 1200 y 900 aC, con el profeta Zaratustra, evolucionó hacia una religión con un solo dios. Luego tomó el nombre de zoroastrismo. También fue el primer culto que incluyó como principios fundamentales la noción del bien y del mal, el paraíso, el infierno y el purgatorio.
El zoroastrismo fue la primera religión monoteísta de la historia si dejamos de lado el efímero culto a Atón que tuvo lugar 100 años antes en Egipto. Se sabe muy poco de cosas verificadas sobre el propio Zaratustra dada la antigüedad de las fuentes. Simplemente sabemos que vivió en el noreste del actual Irán. El principio de Zarathustra es que hay un espíritu santo, Spenta Mainyu, el hijo de Ahura Mazdā, el único dios zoroastriano, y un espíritu maligno, Angra Mainyu. Estos dos espíritus se oponen y representan el día y la noche, la vida y la muerte. Ambos existen en cada ser. En un principio, la doctrina de Zaratustra se transmitía de forma oral, como muchas otras. Luego se escribió el Avesta, un conjunto de textos sagrados. Pero, del texto original, sólo nos ha llegado una cuarta parte. Esto todavía representa el equivalente a mil páginas. Los textos más sagrados del Avesta son los diecisiete Gathas o «himnos sagrados» reconocidos como escritos por el propio Zaratustra. Durante su vida, nunca afirmó ser un profeta. Para él, su mensaje estaba simplemente dedicado a dar recomendaciones y direcciones espirituales. Para los zoroastrianos, Dios no necesita culto, intermediarios y no hay promesa, como en otras religiones, de ser condenado definitivamente al infierno cuando se cometen malas acciones.

La Doctrina Zoroastriana

En la doctrina de Zoroastro, cada persona es responsable de sus acciones en virtud de la naturaleza de su Fravahr que corresponde al Karma. La máxima principal pronunciada por Zoroastro se puede resumir en tres palabras: Humata buenos pensamientos, Hukhta buenas palabras, Huvarshta buenas obras. Estos preceptos están destinados a ayudar al zoroastriano a elegir el camino correcto. Para Zoroastro, todo se basaba en la «acción» y la «reacción». Para él, hacer una buena acción generaba automáticamente una reacción positiva. Lo contrario también es cierto. Lo que propone Zoroastro es optar siempre por el lado del bien sabiendo que el hombre se reserva la elección final sin compromiso. Ahura Mazda creó así al hombre dejándole su libre albedrío. Para Zoroastro, el hombre es el trabajador creado por Dios para transformar el mundo. Los zoroastrianos admiten una vida después de la muerte. En el momento del juicio, si las buenas obras prevalecen sobre las malas, el alma asciende al cielo por un puente más allá del cual la espera el Señor de la Luz (Ahura Mazda) y es el infierno en caso contrario. Pero siempre existe una posibilidad de redención real incluso para las almas más oscuras porque para ellas cuando el infierno se purifique, el reino de dios se asentará en la tierra.

Las siete recomendaciones

Para los seguidores del zoroastrismo, solo hay dos caminos a elegir aunque paradójicamente cada uno de ellos está anclado en cada uno de nosotros. La de seguir al espíritu santo, Spenta Mainyu, o la del espíritu maligno Angra Mainyu. Para ayudar a elegir el camino correcto, Zoroastro dio siete recomendaciones. Tienes que orar a un solo dios Ahura Mazda y hacer el bien a tu alrededor gracias a los tres preceptos de conducta. El zoroastriano debe venerar el fuego que es el único de los cuatro elementos que debe nutrirse para seguir viviendo, luchar contra la opresión rechazando la esclavitud y promoviendo la igualdad entre hombres y mujeres, respetando las formas de vida. De hecho, el maltrato animal es considerado un delito. También es necesario rechazar la idolatría, porque dios reside en el corazón de los hombres y no en un santuario construido por éstos. Finalmente, tienes que cultivar tu alegría de vivir. Zoroastro insiste en el buen humor, recomienda la fiesta, estar alegre y reírse lo más posible. Bajo la dinastía aqueménida, el zoroastrismo todavía competía con otras religiones. Se impondrá como la religión estatal de los persas bajo el Imperio sasánida. Alejandro Magno, durante su conquista de Persia, recuperará los textos que posteriormente influirán en la intelectualidad griega y el pensamiento occidental.